La situación económica actual nos deja expectantes y confusos sobre lo que debemos hacer y cuáles son las verdaderas oportunidades que se nos ofrecen. De la misma manera, que hace pocos años difícilmente nos explicábamos cómo era posible que los bancos dieran con tanta facilidad préstamos que apenas atisbábamos cómo se iban a poder pagar, ahora parece imposible que den alguno.
Lo que sí es evidente es que el paro aumenta día a día, que la desconfianza avanza y que el consumo desciende. Éste a la vez inicia un círculo vicioso del que nadie da soluciones claras de cómo se puede salir.
Toda crisis conlleva aparejada una oportunidad de cambio y debería generar expectativas de solución de los males que parecían imposibles resolver en épocas anteriores. El cambio climático, la escasez de recursos energéticos y materias primas, el aumento de la población mayor en las sociedades avanzadas, la contaminación del medio ambiente, el consumo desmesurado y poco razonable…
Desde mi punto de vista, la formación profesional puede, y debe, ocupar un papel importante en esta nueva situación, tanto para los trabajadores y trabajadoras, como para las empresas. Los primeros tendrán que conseguir adaptar sus conocimientos y competencias profesionales a los nuevos espacios de trabajo que se vayan abriendo; y las segundas, deberán poder adaptar todo su potencial productivo a las necesidades detectadas.
Trabajadores y trabajadoras que sean capaces de formarse para los cambios necesarios de la mano de obra y empresas que sean capaces de transformarse, podrán contribuir a que la crisis sea menos duradera y las consecuencias menos graves. Desde luego no será lo único. Cada colectivo y cada sector deberán intentar aportar soluciones y tratar de ver su forma de contribuir.
La formación a través de internet puede ser una oportunidad. Proyectos de formación, que lleguen a personas distantes que encuentren una oportunidad de capacitarse para un nuevo empleo que en su ámbito geográfico no existía, o que permita a personas trabajadoras adaptar o mejorar sus conocimientos profesionales en tiempos que se lo hagan posible, pueden unirse a proyectos que renueven las estrategias de las empresas y que consoliden los cambios necesarios.
Pero la formación a través de entornos virtuales de aprendizaje también tiene sus amenazas. Vemos como cada día aparecen más y más cursos que con apariencia de modernidad y reducción de costos no cumplen los objetivos profesionalizantes que explicarían su existencia.
En este sentido, puede ser muy conveniente recordar el decálogo, con el que Alfredo Fernández (Expansión & Empleo 27 y 28 de septiembre) nos previene, sobre los 10 errores que debemos tener en cuenta a la hora de poner en marcha un proyecto de e_Learning:
- 1. Considerar que el e-Learning es la panacea en la formación empresarial, válido para todo tipo de colectivos y para todo tipo de materias
- 2. No realizar un plan detallado de desarrollo y puesta en marcha de formación on line en la empresa, que contemple plazos realistas
- 3. Obviar la cultura y las necesidades reales de la empresa así como sus posibilidades económicas o tecnológicas
- 4. Dejar el proceso de desarrollo exclusivamente en manos de tecnólogos e informáticos
- 5. No tener en cuenta las características de los empleados y empleadas, sus perfiles ni sus disponibilidades
- 6. Creer que un buen curso de autoformación interactivo puede sustituir con éxito a la relación alumnado-profesorado
- 7. Considerar al alumnado como un sujeto pasivo de la formación
- 8. Dar prioridad a los aspectos formales de las acciones de formación (diseño, animación, etc.) sobre su contenido
- 9. Ignorar las necesidades del alumnado y dar por supuesto su entusiasmo por matricularse en los cursos simplemente porque éstos se encuentren disponibles en la web corporativa
- 10. No prever un diseño adecuado ni un seguimiento personalizado orientado a evitar los abandonos